• Ale

Yo y los calzones de limones

Como te parece que esta mañana me madrugué a las 05:30 para arreglarme y poder estar en el trabajo a las 07:00 y preparar tranquila la reunión de las 08:00. A pesar de ser una reunión pequeña con otros dos colegas, estaba muy nerviosa porque era el primer proyecto que dirigía y quería dejar una buena impresión. Siendo tan nerviosa como soy, el solo hecho de pensar que tenía que dirigir este proyecto y delegarle trabajo a colegas mayores que yo, me quitaba el hambre. Y la concentración.

Después de bañarme, cuando me fuí a vestir, abrí el cajón de la ropa interior y me dí cuenta de que no tenía calzones limpios. Ya me había gastado toda la reserva, incluso los grandes atrapapedos y se me había olvidado. - “Qué hice los cucos?” - me pregunté a mi misma. Sin pensar mucho, caí en cuenta que la noche anterior se me había olvidado lavar ropa, cosa que es muy rara porque en general me gusta lavar ropa. Eran las 06:00 en ese momento y pensé en lavar ropa ahí mismo, pero no se hubiera alcanzado a secar y me hubiera tocado ponerme los calzones mojados. -“Hpta, qué hago? Será que me voy sin cucos al trabajo?”- me volví a preguntar, pero el hecho de pensar que en la reunión se fueran a dar cuenta de que no tenía calzones puestos, era motivo suficiente para querer migrar a otro país y empezar una vida nueva en el anonimato. En lo que pensaba acerca de mi nueva identidad en algún lugar de la mancha, me acordé de mis bikinis. Especialmente del de limones, que además de estar limpio, era mundialmente conocido por su buen agarre posterior y por no apretar mucho y me dije -“Aquí fué”. Entonces me puse mis calzones de limones y me fuí a trabajar. Gracias a esta decisión pude llegar a tiempo al trabajo y preparar mi reunión. A las 07:50 subí a la sala de reuniones para conectar el computador y poder empezar puntualmente, lo cual, según yo, iba a reflejar mi alto profesionalismo. Esperé esos últimos diez minutos con mucha ansiedad y cuando dieron las 08:00, nadie llegó. Les dí otros cinco minutos de gracia, que me llenaron aún más de ansiedad, pero nadie apareció. A las 08:25! y sin aviso previo de su demora, llegó el primero seguidito del segundo. Llevaba 25 minutos esperando y mi ansiedad y nervios habían alcanzado un punto máximo nunca antes visto. Tanto así, que no encontré en mí la paciencia para dejarlos hablar (después de todo había tenido una mañana muy difícil, llena de ansiedad y nervios y falta de calzones limpios). Finalmente les dije que me parecía improfesional su falta de planeación y consideración con mi tiempo y preparación. En ese momento cancelé la reunión y me fuí a mi oficina a trabajar el resto del día.

Cuando volví a mi casa, le conté a mi novio la indignante historia de esta mañana mientras me cambiaba a ropa más cómoda. En lo que me puse el pantalón de la piyama, mi novio me preguntó

- „Cuales calzones son esos? Son nuevos?“

- „No, son los calzones de un bikini“ respondí

- „Por qué te pusiste los calzones de un bikini?“ me preguntó.

- Algo apenada, le respondí: „Ay, no fué a propósito. Anoche estaba muy nerviosa y no me acordé que tenía que lavar ropa“.

- „Y todo ese tiempo estuviste regañando a tus colegas mientras tenías puestos calzones de limones?“ me dijo riendose.

Y fué en ese preciso momento que me dí cuenta de la gran ironía que la vida me había jugado ese día. Mientras yo les reprochaba su falta de planeación, yo tenía puesta la mía, en forma de calzones de limones. Ahí caí en cuenta que, así como yo tenía una explicación para mis calzones de limones, ellos seguramente tenían una para su llegada tarde y que había sido injusta con ellos. 

Al día siguiente, habiéndome dado cuenta de mi error, me disculpé con mis colegas y organicé una nueva reunión para otro día.

Para esa segunda reunión si me puse calzones de verdad y mis colegas llegaron a tiempo.

Fin.


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