• Ale

El niño que me gusta tiene mal aliento

Updated: Nov 26, 2019

Esta es la historia de un niño que me gustaba mucho pero que tenía mucho mal aliento.

O al menos eso decía todo el mundo.

David era un niño muy feliz. Le gustaba jugar a construir edificios, jugaba mucho en el arenero construyendo edificaciones, pero especialmente le gustaban los legos. “Algo que tiene que ver con los colores y el cubismo me disparaban la imaginación” - me dijo muchos años después, cuando le pregunté por qué había decidido ser ingeniero civil.

De chiquito se destacó en las areas más inusuales, como recitar trabalenguas. Se sabía muchos y muy largos y eso para una niña de 9 años era algo muy impresionante. Asi fué como decidí volverme su amiga. Quería conocerlo y para eso le quería pedir que me enseñara un trabalenguas. El único problema era que David tenía mal aliento. Mauricio me había contado que le alcanzaba a oler el aliento a metros de distancia (a pesar de todavía no entender el concepto del metro) y que por eso le había dejado de hablar. Catalina también. Ella me contó que le había olido el mal aliento jugando canicas en el recreo y que casi se vomita. A esa edad uno todavía no ha olido tantas cosas; de pronto los propios pedos y los de la familia cercana, a los que uno igual está acostumbrado. Pero mal aliento no. A que olía el mal aliento? Como iba a reaccionar yo cuando lo oliera? Por qué tenía David mal aliento? Será porque se cepillaba mal los dientes? Ó proviene el mal aliento de otros orígenes para mi entonces desconocidos?

Estaba llena de miedo e indecisión de ir a hablarle, pero mi admiración por David y sus habilidades lingüísticas le ganaron al miedo y al asco. En un recreo me llené de valor y aire en los pulmones (para aguantar la respiración en caso de que David tuviera mucho mal aliento) y le hable: “Hola David” - le dije conteniendo la respiración - “Que estás haciendo ve?”. A lo que david respondió: “Nada, aqui construyendo un rascacielos. No te ves bien, qué te pasa?” - me pregunto acercandoseme mucho a inspeccionar mi cara. Ya llevaba aguantando la respiración unos 20 segundos por miedo a olerle el mal aliento e hice todo lo posible por contener mi respiración por unos segundos mas. Mientras tanto, David me seguía hablando, cada vez mas y mas cerca. Se me acercó tanto que podía sentir el calor de sus palabras en mi cara. Pero ya no podía contener mas la respiración y justo antes de desmayarme pensé “No tengo de otra, tengo que respirarle el mal aliento a David o me voy a morir”. Preparándome para lo peor, tomé aire mezclado con aliento de David como si me acabaran de resucitar y para mi sorpresa dije en voz muy alta “No tenés mal aliento!”.

-“Vos también andas con esos cuentos?! Eso fue solo un día que me mandaron un sandwich con mantequilla de ajo y jugo de tomate”- me dijo algo molesto.

-“Guacala”- respondí.

“No, pero ya le dije a mis papas que no me manden mas eso en la lonchera”.

Pudiendo ya respirar normalmente me disculpé y le pregunté si me podía enseñar un trabalenguas.

Y fue así como como David me enseñó un trabalenguas y como aprendí que no iba a dejar que los prejuicios me impidieran acercarme a personas interesantes porque muchas veces esos prejuicios ni siquiera son verdad.

David y yo todavía somos amigos hoy y recitamos el trabalenguas que me enseñó en ese recreo cuando nos vemos.

Fin.


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